Una noche de verano aparecí por la habitación de mi amiga
Cecilia Gatica y le dije: Cecilia, vengo a matarte. Ella se dio media vuelta en
la cama, o al menos eso deduje por el sonido porque la oscuridad era total, y
murmuro algo como mmh…, aparentemente aun dormida. Había conseguido entrar en
su departamento de una pieza en el centro de Santiago porque hace unos años
otra amiga había vivido en el mismo lugar y me dio una copia de su llave
para que cuidara a su perra, siempre guardo todas las llaves, debo tener por
lo menos de 10 casas distintas, todos los lugares en los que he vivido y
varias de distintos amigos y familiares. Después de un rato volví a escuchar
que se movía en la cama y me pareció que se sentaba, hubo como una pausa y dijo
¿Quién anda ahí? Soy yo, Ilán. ¿Qué estai haciendo acá? Vengo a matarte. ¿Cómo entraste?
Tengo llaves. Ven a acostarte, te hago un espacio. Me quede callado y me
mantuve firme a los pies de la cama, volví a escuchar un movimiento de sabanas
y nos quedamos en silencio un rato. ¿Sigues ahí? Le dije que sí, se volvió a
sentar en la cama y prendió la luz del velador, ahí estaba yo a los pies de la
cama con un cuchillo de cocina para cortar carne como de 30 cm de largo en la
mano derecha, la Ceci estaba con la mitad de la cabeza rapada y el pelo de la
otra mitad revuelto, con cara de sueño y los ojos achinados por el cambio de
luz, a su lado estaba durmiendo la Andrea sin enterarse de nada. Ilán, ¿Qué chucha?
No parecía alarmada, probablemente no me cree capaz de matarla. ¿No estas
asustada? Un poco, me dijo, pero ¿qué te pasa? No sé, respondí, se me ocurrió esto, no puedo dormir. Ilán, ¿qué chucha te pasa? Nada, estoy escribiendo en mi casa. La Andrea seguía
durmiendo, pensé en cómo podía ser posible que tuviera el sueño tan pesado. La
Ceci me dijo que me fuera a dormir y dejara de escribir weas. Bueno, le dije,
¿pero puedo matarte? ¿Pero porque me quieres matar? No sé, cuando lo
imagine no era yo el que te mataba, era otra persona, pero de un momento a otro
era yo y ahora estoy aquí. Deja ese cuchillo y ándate a dormir, insistió. Bueno,
pero ¿puedo matarte antes?, total es solo un cuento tonto, no creo que nadie lo
lea. Mmm… no me gusta nada, pero si quieres hazlo, no necesitas pedirme permiso.
Me quede un rato más de pie, quieto con el cuchillo en la mano y de pronto me
abalance hacia la cama con dos pasos largos. Matar a alguien con un cuchillo de
cocina es más difícil de lo que pensaba, no están hechos para esas cosas, una vez
que los clavas en el cuerpo de una persona por algún fenómeno físico se genera
un vacío y sacarlo de allí es muy difícil. La cama quedó completamente cubierta
de sangre, incluso chorreaba al piso. La Andrea siguió durmiendo y no se enteró
de nada
1 comentario:
puedes matarme cuantas veces sean necesarias.
agradezco -eso si- que la andre no haya despertado.
en que parte vas??
terminaste el libro que te deje??
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